domingo, 26 de agosto de 2012

El Probema de la Modernidad


LA MODERNIDAD COMO PROBLEMA
Se puede afirmar con certeza que en muy pocas veces la filosofía se ha destinado al simple ejercicio de una reflexión teórica alejada de la sociedad en la que se origina y hacia la que se dirige.  Antes bien, las filosofías reflejan el espíritu de la época en la que se realizan, convirtiéndose en observaciones críticas y formadoras de la sociedad.

LA IDEA DE MODERNIDAD
El proceso de transformación de la sociedad occidental involucra un cambio continuo de maneras de concebir el mundo y de actuar sobre él.  Cuando hablamos de los tiempos modernos podemos ingenuamente pensar que se trata de una época en la que los errores del pasado han sido superados, y que la manera de vivir y pensar actuales son superiores.  Pero esa idea de progreso histórico y espiritual es en realidad una creencia característica de lo que nosotros llamamos “moderno”.  Cuando pensamos en la modernidad creemos que estamos hablando de una forma de ver el mundo exclusiva de Occidente que se generó cuando terminó la Edad Media.   Por supuesto que si hay algo específico de nuestra época que nos separa y distingue del pasado medieval y antiguo, pero en realidad nuestra situación actual es fruto de un proceso que se inicia en la antigüedad.  No obstante, a partir del renacimiento y con la aparición de la Ilustración, Occidente creyó dar un vuelco radical a sí mismo, tal vez porque creyó pararse en un nuevo punto de vista a partir del cual empezó a pensar.  El Renacimiento y la Ilustración constituyen dos de los momentos más importantes de lo que podemos llamar “la conformación del espíritu de la modernidad”.  En su momento, los primeros pensadores llamados modernos se consideraron a sí mismos en una situación revolucionaria en las que se estaban desprendiendo de las ataduras de un pasado anquilosado y estático.  Fueron ellos quienes tildaron de “oscura” la época histórica que los precedió.  El mayor conocimiento y una más amplia perspectiva histórica nos permite ver hoy en día en esa concepción de los primeros modernos un prejuicio, pues es indudable que la Edad Media fue la cuna de lo que hoy es Occidente.  Sin embargo, en la situación histórica en la que se hallaban los pensadores modernos que dieron origen a nuevas formas de ver y transformar el mundo sólo podían alzarse sobre un nuevo suelo adoptando esa actitud defensiva e ingenua de autoafirmación.

MODERNIDAD E ILUSTRACIÓN
¿Qué es la modernidad?  Básicamente racionalidad.  Ya los griegos habían vivido un proceso de transformación en el que las ideas y los patrones culturales de su pasado se vieron revolucionados por la filosofía en las ciudades.  Se trata del famoso paso del mito al logos, en el que se cultivó la esencia de la racionalidad occidental.  Pero, ¿cómo concibieron los pensadores ilustrados modernos esta racionalidad?  ¿Cómo se empezó a ser efectiva la idea de racionalidad moderna yen qué han consistido sus realizaciones? 

Immanuel Kant fue un consumado pensador ilustrado.  En un reconocido artículo suyo titulado Respuesta a la pregunta ¿qué es la Ilustración? Kant expone la idea central de ese modo de concebir la cultura.  Ser ilustrado es ser capaz de pensar por sí mismo, y pensar por sí mismo es salir de la condición de minoría de edad de la cual “el hombre mismo es culpable”.  La “minoría de edad” consiste, en la dependencia intelectual.  Quien vive bajo esa condición no es libre en la medida en que no es norma para sí mismo, no se rige por su propia razón.  El hombre ilustrado, en cambio, es el hombre que puede ser libre en a medida en que se guía por su propia razón, la cual se convierte en norma de sus acciones.  En un mundo que no es moderno, los hombres no hacen uso de sus propias capacidades racionales para interpretar la realidad; no tienen espíritu crítico y no evalúan conforme criterios racionales los objetivos y resultados de sus acciones.  Bajo este ideal de hombre moderno ilustrado, la idea de una racionalidad democrática o la idea de la actividad científica moderna se revelan como manifestaciones ejemplares del ejercicio de la libertad.  Desde el punto de vista ideal, el ejercicio de la democracia exigiría la discusión argumentada en la que sí juzgan bajo los mismos criterios formales sus propuestas de acción, tratando de comprender la posición del otro como la suya propia desde el tribunal de su propia razón.  Por su puesto, se trata de un ideal político, pero eso es lo que la idea de ilustración sugiere.  Al mismo tiempo, la actividad científica moderna –entendida como un conjunto de discusiones argumentadas y racionales, desarrolladas por una colectividad que juzga sus propuestas entre sí según criterios también racionales y que exponen continuamente sus hipótesis interpretativas a la crítica-, sería, según los pensadores ilustrados, el ejemplo más claro del ejercicio de la libertad.  Podemos preguntarnos: ¿no constituyen la ciencia moderna y sus aplicaciones tecnológicas la muestra más clara del éxito de la propuesta racionalista moderna?  Sólo un análisis más detenido de las implicaciones de esta práctica de la racionalidad nos puede revelar si el ideal racionalista; nos ha conducido en efecto a esa libertad soñada por los ilustrados.

UN ANÁLISIS SOCIOLÓGICO
El sociólogo y filósofo alemán Max Weber, percibió en la idea de la racionalidad moderna y su aplicación una falla fundamental que pone en tela de juicio el noble ideal a partir del cual fue originada.  Para Max Weber la racionalidad moderna consiste básicamente en la desmitificación de las concepciones de mundo y en eso no se distancia mucho del proceso de afirmación del pensamiento racional en el mundo griego antiguo.  Pero el pensador mítico griego no creía que su relato fuera una interpretación del mundo, sino que era el mundo mismo.  Por el contrario, la actitud crítica de la racionalidad moderna exige que se separe en sus relatos de la realidad misma y se desprenda del encantamiento que es propio del mito.  Dirigida fundamentalmente hacia la acción, la racionalidad se convierte prácticamente en un cálculo de los medios para realizar las acciones, atendiendo a criterios de eficacia, que por ser estrictamente racionales, pueden ser aplicados a cualquier fin.  Eso hace que las propuestas racionales de interpretación y transformación de la realidad tengan un carácter neutro y tengan una pretensión universal.  Pero, ¿cómo se escogen los fines de las acciones?  Los fines mismos no están expuestos a la discusión racional misma, pues cuando tal cosa se hace se convierten a su vez en medios para ser evaluados.  Para Weber, el problema de esta concepción y práctica de la racionalidad es que genera un vacío de sentido, que antes sí era llenado por la visión mítica.  La racionalidad desencantada no satisface las ansias de sentido de los hombres, provocando una diversidad de fines, valores y sentidos que no pueden ser racionalizados y que ponen en peligro la cohesión social.  La ausencia de sentido, que provoca la práctica de la racionalidad, estimula el culto racional a una diversidad de valores que evaden la confrontación racional misma.  Todo lo que nos dice Weber no nos debe parecer para nada extraño.  Cuando pensamos en los problemas actuales del multiculturalismo y en sus consecuencias estamos discutiendo el mismo problema.  La racionalidad occidental, representada en la ciencia y en la técnica, que se ha extendido por el mundo, aparece como un instrumento neutro que puede ser usado para cualquier fin; y los fines parecen sólo depender de los modelos de valores de cada cultura.  ¿Pero cualquier fin es válido?  Al no poder ser examinados racionalmente los fines todos adquieren el mismo valor, y en ese cado los choques entre culturas no serían resolubles haciendo uso de las armas de la razón, la que, en principio, pareciera ser la única universalmente aplicable en esos casos.  Por la misma razón también pensamos que cada persona puede escoger los fines que quiera según su propio criterio irracional y que lo único compartido puede ser el instrumento racional para escoger los medios.

EL PAPEL DE LA FILOSOFÍA
El análisis de Weber y de otros filósofos de otras tendencias ha hecho evidente que la idea misma de modernidad se encuentra en crisis.  Los fenómenos del nazismo y el stalinismo alrededor de la Segunda Guerra Mundial se han convertido para muchos filósofos en los ejemplos más claros del resultado de aplicar una idea de racionalidad mal concebida.  Pero esos fenómenos sociales extremos no son los únicos que han sido expuestos a la crítica.  La sociedad occidental se ha desarrollado en los últimos siglos de tal forma que el modo de vida de los hombres en las sociedades industriales avanzadas se ha visto seriamente determinado por el imperio de la técnica.  Las realizaciones de la racionalidad instrumental se han convertido en el símbolo del vaciamiento de sentido del hombre moderno, más que en fuente de felicidad humana.  Así como los filósofos de los orígenes de la modernidad pensaron un mundo y una sociedad y determinaron con sus ideas el desenvolvimiento histórico de Occidente, los pensadores contemporáneos también nos han obligado a hacer un alto en el camino, haciéndonos pensar en nuestra manera de vivir y actuar.  La filosofía, como siempre, se convierte en una toma de conciencia y en un esfuerzo de autorreflexión de cada época y sociedad, pues al surgir de la sociedad misma, no tiene otro remedio que volcarse sobre ella para pensarla, señalando las fuentes de la infelicidad.  Y si bien, en los últimos tiempos la filosofía se ha acostumbrado a no ofrecer soluciones mesiánicas a los dramas del hombre contemporáneo, su trabajo interpretativo es un síntoma claro de que a pesar de sus eventuales deficiencias, la racionalidad occidental puede pensarse a sí misma críticamente señalando sus límites, y eso es lo que la hace tan valiosa.

Referencias Bibliográficas

ARCHILA RUIZ, Leonardo, SERRANO LÓPEZ Guillermo y TORREGROSA, Enver y Otros.  Filosofía 11º, 2ª edición, Santafé de Bogotá, Editorial Santillana, 2000.  Páginas: 102-105.

Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿En qué consiste ser racional?
2.    ¿La tecnología nos hace libres?
3.   La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.    Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 14 de Septiembre/2012.



martes, 22 de mayo de 2012

Modernidad

 LA MODERNIDAD: UNA MANERA DE VER EL MUNDO

Lee el siguiente texto:

Tiempo: ¿Invención humana?
“La modernidad es un concepto exclusivamente occidental y que no aparece en ninguna otra civilización.  La razón es simple: todas las otras civilizaciones postulan imágenes y arquetipos temporales, de los que es imposible deducir, inclusive como negación nuestra idea de tiempo. (…)   La sociedad cristiana medieval imagina el tiempo histórico como un proceso finito, sucesivo e irreversible; agotado ese tiempo –o como dice el poeta: cuando se cierran las puertas del futuro- reinará un presente eterno.  En el tiempo finito de la historia, en el ahora, el hombre se juega su vida eterna. (…) 

¿Futuro..?
La modernidad es una separación. Empleo la palabra en su acepción más inmediata: apartarse de algo, desunirse.  La modernidad se inicia como un desprendimiento de la sociedad cristiana.  Fiel a su origen, es una ruptura continua, un incesante separarse de sí misma; cada generación repite el acto original que nos funda y esa repetición es simultáneamente nuestra negación y nuestra renovación.  (…)  La edad moderna se concibe a sí misma como revolucionaria…  El gran cambio revolucionario, la gran conversión, fue la del futuro.  En la sociedad cristiana el porvenir estaba condenado a muerte: el triunfo del eterno presente, al otro día del Juicio Final, era así mismo el fin del futuro.  La modernidad invierte los términos: si el hombre es historia y sólo en la historia se realiza; si la historia es tiempo lanzado hacia el futuro y el futuro es el lugar de elección de la perfección; si la perfección es relativa con respecto al porvenir y absoluta frente al pasado…pues entonces el futuro se convierte en el centro de la triada temporal es el imán del presente y la piedra de toque del pasado.  Semejante al presente fijo del cristianismo, nuestro futuro es eterno.  (…)  La eternidad cristiana era la solución de todas las contradicciones y agonías, el fin de la historia y del tiempo.  Nuestro futuro aunque sea el depositario de la perfección no es un lugar de reposo, no es un fin, al contrario; es un continuo comienzo; un permanente ir más allá.  (…)

¿controlamos el tiempo?
La oposición a la modernidad opera dentro de la modernidad. Criticarla es una de las funciones del espíritu moderno; y más: es una manera de realizarla.  El tiempo moderno es el tiempo de la escisión y de la negación de sí mismo, es el tiempo de la crítica.  La modernidad se identifica con el cambio, identifico al cambio con la crítica y a lo dos con el progreso.  (…)  La creencia en la historia como una marcha continua aunque no sin tropiezos y caídas, adoptó muchas formas.  A veces fue una aplicación ingenua del “Darwinismo” en la esfera de la historia y la sociedad; otras, una visión del proceso histórico como la realización progresiva de la libertad, la justicia, la razón, o cualquier otro valor semejante.  En otros casos la historia se identificó con el desarrollo de la ciencia y  la técnica o con el dominio del hombre sobre la naturaleza o con la universalización de la cultura.  Todas estas ideas tienen algo en común: el destino del hombre es la colonización del futuro.  En los últimos años ha habido un cambio brusco: los hombres empiezan a ver con terror el porvenir y lo que apenas ayer parecían las maravillas del progreso, hoy son sus desastres.  El futuro ya no es el depositario de la perfección, sino del horror.  Demógrafos, ecologistas, sociólogos, físicos y geneticistas denuncian la marcha hacia el futuro como una marcha hacia la perdición.  Unos preveen el agotamiento de los recursos naturales, otros la contaminación del globo terrestre, otros una llamarada atómica.  Las obras del progreso se llaman hombre, envenenamiento, volatilización.  No me importa saber si estas profecías son o no exageradas: subrayó que son expresiones de la duda general sobre el progreso.  (…)  

Debemos edificar una Ética y una Política sobre la Poética del ahora.  La política cesa de ser la construcción del futuro: su misión es hacer habitable el presente.  La Ética del ahora no es hedonista, en el sentido vulgar de esta palabra, aunque afirma al placer y al cuerpo.  El ahora nos muestra que el fin no es distinto o contrario al comienzo, sino que es su complemento, su inseparable mitad… El ahora nos reconcilia con nuestra realidad: somos mortales… En el ahora nuestra muerte no está separada de nuestra vida: son la misma realidad, el mismo futuro”.
Octavio Paz, Signos de Rotación.

Bibliografía:

VILLEGAS, Mauricio; CASAS, Javier y Otros. Sociales Integrada 9 (Educación Básica Secundaria),  Editorial Voluntad S.A., Bogotá-Colombia, 1990, páginas: 14 y 15.

Actividades:

1.    Con base en el texto, realiza un escrito referido a tu posición frente a la forma de ver el mundo llamado “modernidad.
2.    Es propio de la modernidad el afán de “progreso”, de querer estar en el futuro sin gozar del presente. ¿Qué consecuencias le ves a esa forma de vivir, con respecto a las riquezas del pasado y el gozo de vivir el presente?
3.   Las respuestas al interrogante 2 enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.    Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 12 de Junio/2012.

domingo, 11 de marzo de 2012

Evolución del Saber

 EVOLUCIÓN DEL SABER FILOSÓFICO

La historia de la filosofía se inició con la transformación mental revolucionaria que condujo de las creencias míticas a un saber fundado en la razón.  Desde aquél lejano entonces –hace ya más de dos mil quinientos años- hasta nuestros días, la evolución del pensamiento filosófico ha sido enormemente compleja.

EVOLUCIÓN

Universo
Naturaleza
En la antigüedad la filosofía fue cosa de los griegos y posteriormente tuvo importantes derivaciones entre los romanos.  Los primeros filósofos griegos trataron de buscar una explicación del devenir, del hecho de que las cosas surgen de la nada para volver a ella, lo que produjo maravilla y espanto y dibujó dos grandes polarizaciones: quienes afirmaban la realidad de este devenir como aquello que es indiscutiblemente verdadero, y quienes consideraban que este acaecer de las cosas ocultaba un fondo no sujeto al cambio. Estas dos polarizaciones fluyeron entre los griegos en los grandes sistemas metafísicos de Platón y Aristóteles.  En ellos se buscó conciliar la experiencia del devenir con la exigencia racional de que por detrás de todo cambio existe un fundamento inmutable de las cosas.  El pensamiento grecolatino recibió la impronta de los pensadores cristianos, que introdujeron unas dimensiones desconocidas en el pensamiento filosófico nacido entre los griegos.  En la época medieval, se debatía la conciliación de razón y fe, lo que equivalió a una síntesis entre la herencia filosófica grecolatina y las exigencias religiosas del cristianismo.  Tal fue el sentido de la magna obra de Santo Tomás de Aquino, el máximo filósofo del Medioevo.  Con el Renacimiento se intentó fundamentar de nuevo el pensamiento filosófico únicamente a través de la razón.  La gran polarización de estos siglos fue entre razón y experiencia, y la filosofía moderna se bifurcó en dos direcciones: la racionalista, representada por Descartes, y la empirista, cuyos pensadores más destacados fueron Locke y Hume.  Estas dos direcciones confluyeron en la filosofía de Kant, quien reconoció la específica validez de ambas vías.  Después de Kant la filosofía llegó a uno de sus momentos más altos de especulación con el idealismo alemán.  Para Hegel, el saber filosófico volvió a tener una dimensión totalizadora.  La reacción que provocó esta filosofía del absoluto caracterizó todo el siglo XIX: de Schopenhauer a Kierkegaard y de Marx a Nietzsche, la filosofía totalizara de Hegel fue rechazada y condujo a una pluralidad de tendencias.  Una buena parte de las corrientes filosóficas actuales se distingue por su apelación a la ciencia como horizonte que determina lo que puede y no puede ser conocido.  Algunos de los más importantes filósofos del siglo XX, como Husserl y Heidegger, han mostrado que la filosofía no ha dicho todavía la última palabra.

EL HOMBRE Y SU MUNDO

Einstein, hombre de ciencia.
La gran conquista con que se inició históricamente la filosofía fue la concebir el universo como un todo ordenado (cosmos).  Sócrates introdujo en este orden el problema del hombre, en el sentido de que la reflexión filosófica había de preguntar antes que nada por la relación entre ambos.  ¿Qué lugar ocupa el hombre en el universo, y particularmente como individuo único e irrepetible, capacitado para pensar a cerca del destino?  Según sea la dimensión aportada por el saber filosófico, la reflexión sobre el hombre ha tomado uno u otro cariz.  Y así, el ser humano ha podido ser visto como un ente puramente material, o bien como un ser que encabeza la evolución y que se dirige hacia un más allá trascendente.  La ciencia contemporánea ha aportado una gran información sobre la estructura material del ser humano y de la realidad en que se mueve.  La actualidad permanente del saber filosófico tiene que ver entonces con esa eterna pregunta acerca de lo que es el hombre y de cuál es su lugar en el universo.

Bibliografía:
Tomado de: Filosofía: El Saber Filosófico, (Material Fotocopiado). Páginas: 1092-1093, 2004.

Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿a cuál razón atribuye Ud., la vigencia de la filosofía como actividad intelectual humana?
2.    Pasar de la explicación mítica a la filosófica, es considerada una revolución intelectual. ¿por qué?
3.    La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.    Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 27 de Marzo de 2012.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Cultura-Modernidad


LA MODERNIDAD COMO PROBLEMA
LA IDEA DE MODERNIDAD

Ciudad de Nueva York
El proceso de transformación de la sociedad occidental involucra un cambio continuo de maneras de concebir el mundo y de actuar sobre él.  Cuando hablamos de los tiempos modernos podemos ingenuamente pensar que se trata de una época en la que los errores del pasado han sido superados, y que la manera de vivir y pensar actualmente son superiores.  Pero esta idea de progreso histórico y espiritual es en realidad una creencia característica de lo que nosotros llamamos “moderno”.  Cuando pensamos en la modernidad creemos que estamos hablando de una forma de ver el mundo exclusivo de Occidente que se generó cuando terminó la Edad Media.  Por supuesto que sí hay algo específico de nuestra época que nos separa y distingue del pasado medieval y antiguo, pero en realidad nuestra situación actual es fruto de un proceso que se inició en la antigüedad. 

No obstante, a partir del Renacimiento y con la aparición de la Ilustración, Occidente creyó dar un vuelco radical a sí mismo, tal vez porque creyó pararse en un nuevo punto de vista a partir del cual empezó a pensar.  El Renacimiento y la Ilustración constituyeron dos de los momentos más importantes de lo que podemos llamar “la conformación del espíritu de la modernidad”.  En su momento, los primeros pensadores llamados modernos se consideraron a sí mismos en una situación revolucionaria en la que se estaban desprendiendo de las ataduras de un pasado anquilosado y estático.  Fueron ellos quienes tildaron de “oscura” la época histórica que los precedió.  El mayor conocimiento y una más amplia perspectiva histórica nos permite ver hoy en día en esa concepción de los primeros modernos un perjuicio, pues es indudable que la Edad Media fue la cuna de lo que hoy el Occidente.  Sin embargo, en la situación histórica en la que se hallaban, los pensadores modernos que dieron origen a nuevas formas de ver y transformar el mundo sólo podían alzarse sobre un nuevo suelo adoptando esa actitud defensiva e ingenua de autoafirmación.

MODERNIDAD E ILUSTRACIÓN

Inmanuel Kant
¿Qué es modernidad?  Básicamente racionalidad.  Ya los griegos habían vivido un proceso de transformación en el que las ideas y los patrones culturales de su pasado se vieron revolucionados por la filosofía en las ciudades.  Se trata del famoso paso del mito al logos, en el que se cultivó la esencia de la racionalidad occidental.  Pero, ¿cómo concibieron los pensadores ilustrados modernos esta racionalidad?  ¿Cómo se empezó a hacer efectiva la idea de racionalidad moderna en qué han consistido sus realizaciones?

Inmanuel Kant fue un consumado pensador ilustrado.  En un reconocido artículo suyo titulado Respuesta a la pregunta ¿qué es la Ilustración? Kant expone la idea central de ese modo de concebir la cultura.  Ser ilustrado es ser capaz de pensar por sí mismo, y pensar por sí mismo es salir de la condición de minoría de edad de la cual “el hombre mismo es culpable”.  La “minoría de edad” consiste, en la dependencia intelectual.  Quien vive bajo esa condición no es libre en la medida en que no es norma para sí mismo, no se rige por su propia razón.  El hombre ilustrado, en cambio, es el hombre que puede ser libre en la medida en que se guía por su propia razón, la cual se convierte en norma de sus acciones.  En un mundo que no es moderno, los hombres no hacen uso de sus propias capacidades racionales para interpretar la realidad; no tienen espíritu crítico y no evalúan conforme criterios racionales los objetivos y resultados de sus acciones.  Bajo este ideal de hombre moderno ilustrado, la idea de una racionalidad democrática o la idea de la actividad científica moderna se revelan como manifestaciones ejemplares del ejercicio de la libertad.  Desde el punto de vista ideal, el ejercicio de la democracia exigiría la discusión argumentada en la que sí juzgan bajo los mismos criterios formales sus propuestas de acción, tratando de comprender la posición del otro como la suya propia desde el tribunal de su propia razón.  Por su puesto, se trata de un ideal político, pero eso es lo que la idea de ilustración sugiere.  Al mismo tiempo, la actividad científica moderna –entendida como un conjunto de discusiones argumentadas y racionales, desarrolladas por una colectividad que juzga sus propuestas entre sí según criterios también racionales y que exponen continuamente sus hipótesis interpretativas a la crítica-, sería, según los pensadores ilustrados, el ejemplo más claro del ejercicio de la libertad.  Podemos preguntarnos: ¿no constituyen la ciencia moderna y sus aplicaciones tecnológicas la muestra más clara del éxito de la propuesta racionalista moderna?  Sólo un análisis más detenido de las implicaciones de esta práctica de la racionalidad nos puede revelar si el ideal racionalista; nos ha conducido en efecto a esa libertad soñada por los ilustrados.

UN ANÁLISIS SOCIOLÓGICO

Max Weber
El sociólogo y filósofo alemán Max Weber, percibió en la idea de la racionalidad moderna y su aplicación una falla fundamental que pone en tela de juicio el noble ideal a partir del cual fue originada.  Para Max Weber la racionalidad moderna consiste básicamente en la desmitificación de las concepciones del mundo y en eso no se distancia mucho del proceso de afirmación del pensamiento racional en el mundo griego antiguo.  Pero el pensador mítico griego no creía que su relato fuera una interpretación del mundo, sino que era el mundo mismo.  Por el contrario, la actitud crítica de la racionalidad moderna exige que se separe en sus relatos de la realidad misma y se desprenda del encantamiento que es propio del mito.  Dirigida fundamentalmente hacia la acción, la racionalidad se convierte en un cálculo de los medios para realizar las acciones, atendiendo a criterios de eficacia, que por ser estrictamente racionales, pueden ser aplicados a  cualquier fin.  Eso hace que las propuestas racionales de interpretación y transformación de la realidad tengan un carácter neutro y tengan una pretensión universal.  Pero,   ¿cómo se escogen los fines de las acciones? Los fines mismos no están expuestos a la discusión racional misma, pues cuando tal cosa se hace, se convierten a su vez en medios para ser evaluados.  Para Weber, el problema de esta concepción y práctica de la racionalidad es que genera un vacío de sentido, que antes sí era llenado por la visión mítica.  La racionalidad desencantada no satisface las ansias de sentido de los hombres, provocando una diversidad de fines, valores y sentidos que no pueden ser racionalizados y que ponen en peligro la cohesión social.  La ausencia de sentido, que provoca la práctica de la racionalidad, estimula el culto irracional a una diversidad de valores que evaden la confrontación racional misma.

Todo lo que nos dice Weber no nos debe parecer para nada extraño.  Cuando pensamos en los problemas actuales del multiculturalismo y en sus consecuencias estamos discutiendo el mismo problema.  La racionalidad occidental, representada en la ciencia y en la técnica, que se ha extendido por el mundo, aparece como un instrumento neutro que puede ser usado para cualquier fin; y los fines parecen sólo depender de los modelos de valores de cada cultura.  ¿Pero cualquier fin es válido?  Al no poder ser examinados racionalmente los fines, todos adquieren el mismo valor, y en ese caso los choques entre culturas no serían resolubles haciendo uso de las armas de la razón, la que, en principio, pareciera ser la única universalmente aplicable en esos casos.  Por la misma razón también pensamos que cada persona puede escoger los fines que quiera según su propio criterio irracional y que lo único compartido puede ser el instrumento racional para escoger los medios.

EL PAPEL DE LA FILOSOFÍA

Grupo Multicultural
El análisis de Weber y de otros filósofos de diversas tendencias ha hecho evidente que la idea misma de modernidad se encuentra en crisis.  Los fenómenos del nazismo y el stalinismo alrededor de la Segunda Guerra Mundial se han convertido para muchos filósofos en los ejemplos más claros del resultado de aplicar una idea de racionalidad mal concebida.  Pero esos fenómenos sociales extremos no son los únicos que han sido expuestos a la crítica.  La sociedad occidental se ha desarrollado en los últimos siglos de tal forma que el modo de vida de los hombres en las sociedades industriales avanzadas se ha visto seriamente determinado por el imperio de la técnica.  Las realizaciones de la racionalidad instrumental se han convertido en el símbolo del vaciamiento de sentido del hombre moderno, más que en fuente de felicidad humana.

Así como los filósofos de los orígenes de la modernidad pensaron un mundo y una sociedad y determinaron con sus ideas el desenvolvimiento histórico de Occidente, los pensadores contemporáneos también nos han obligado a hacer un alto en el camino, haciéndonos pensar en nuestra manera de vivir y actuar.  La filosofía, como siempre, se convierte en una toma de conciencia y en un esfuerzo de autorreflexión de cada época y sociedad, pues al surgir de la sociedad misma, no tiene otro remedio que volcarse sobre ella para pensarla, señalando las fuentes de la infelicidad.  Y si bien, en los últimos tiempos la filosofía se ha acostumbrado a no ofrecer soluciones mesiánicas a los dramas del hombre contemporáneo, su trabajo interpretativo es un síntoma claro de que a pesar de sus eventuales deficiencias, la racionalidad occidental puede pensarse a sí misma críticamente señalando sus límites, y eso es lo que la hace tan valiosa.


Bibliografía:

ARCHILA RUIZ, Leonardo, SERRANO LÓPEZ Guillermo y TORREGROSA, Enver.  Filosofía 11º (Sección Monografia), 2ª edición, Santafé de Bogotá, Editorial Santillana, páginas: 102-105.

Actividades:

1.    Con base en la información del texto, realice un comentario sobre el siguiente interrogante: ¿En qué consiste ser racional?
2.    ¿Para qué sirve el examen racional de las acciones y las cosas?
3.   La respuesta al interrogante 2º, enviarla al correo electrónico solo.informes.ita@gmail.com
4.    Fecha límite para la publicación de sus comentarios y el envío de sus correos: 23 de Noviembre/2011.